Redacción Cultura, Diario EL COMERCIO
No hubo manera de que Manuela Benalcázar encontrara el libro que buscaba: un manual de biología. Ella pensó que podría hallar entre la oferta de los 50 ‘stands’ de la Fiesta Internacional de la Cultura, el Libro 2008.
En cambio, encontró una variedad distinta que iba desde cocina, autoayuda, literatura infantil, filosofía, cuento, novela.
Que ofrecen
La oferta tiene de todo. Hay una nueva versión de la poesía reunida de Jorge Enrique Adoum, en edición de lujo, preparada por Archipiélago. Cuesta USD 50.
El cómic también tiene su lugar en la Feria. En el ‘stand’ de la librería Clásica y moderna, las revistas de historietas tienen un lugar privilegiado. Los costos van entre USD 17 y 25.
Algunos sitios, como el de las universidades, no han tenido muchas ventas, según indicaron varios dependientes. Su trabajo más bien es publicitario.
Algunas de las actividades literarias han tenido también una conexión con la actividad comercial. Ayer, a las 18:00, por ejemplo, se presentó la novela más reciente del poeta colombiano William Ospina, que estuvo a cargo de Grupo Norma.
El primer y segundo pabellones de la Fiesta del Libro están dedicados a los puestos de 18 metros, una longitud más bien modesta, cree Osvaldo Obregón, director de la Editorial Planeta Ecuador, en comparación de las otras ferias realizadas en el país.
El espacio se diseñó de esa forma en razón de que los puestos no se cobraron a los expositores a condición de que se hicieran descuentos de al menos el 25% sobre el precio real de ventas.
Con ello se aseguró el negocio, en opinión de Mónica Varea, de Librería Rayuela. “En otras ocasiones había mucho espacio, pero tenías que vender lo suficiente como para pagar el costo del espacio. Ahora no pierdes”.
A pesar de esto, los precios no han registrado descuentos significativos respecto del costo en las librerías. Naturalmente, eso se debe, según Manuela Benalcázar, “a que los libros mismos son muy caros”.
Eso sí, todos los libros de la Fiesta tienen el 20 % de descuento, lo cual significa, por ejemplo, que un libro del Fondo de Cultura Económica que cuesta normalmente USD 31, dentro del recinto está cerca de 26. “Mucha plata para una estudiante”, suspira Benalcázar. Pero, en todo caso, un buen buscador puede encontrarse con interesantes novedades.
Por ejemplo, la novela ‘Agosto’, del famoso escritor brasileño Rubem Fonseca, se puede encontrar por USD 4 o una muy buena antología de poesía estadounidense, preparada por Ernesto Cardenal, se comerció en USD 2,50 (bajo el nombrado sello venezolano de Monteavila).
El criterio de los libreros y editores fue mostrar, ante todo, las novedades; también proponer una lista de títulos accesibles a toda la gente. Azucena Rosero, de editorial Eskeletra, en su caso, ha puesto catálogos de sus obras, como la antología esencial de la literatura ecuatoriana del siglo XX, coordinada por Jorge Enrique Adoum, a USD 17.
Sin embargo, también tiene libros de autores ecuatorianos contemporáneos que fluctúan entre los USD 4 y 5.
Tres grandes editoriales internacionales están presentes: Casa de las Américas, de Cuba; Ayacucho, de Venezuela; y el Fondo de Cultura Económica, de México.
Las dos últimas han tenido una presencia doble: sus mayores apuestas literarias no bajan de los USD 19. A su vez, Casa de las Américas oferta una colección de sus premios en una escala de precios que va entre los USD 5 y 12. Algo notable en el ‘stand’ de Venezuela: se obsequió el libro reciente del filósofo ecuatoriano, radicado en México, Bolívar Echeverría, ‘Vuelta de siglo’.
El dependiente de este punto de venta administra el obsequio de libros por razones sui géneris. A veces decide regalar libros de autores venezolanos contemporáneos si ve muy interesados a los compradores.
El Ministerio de Cultura no se queda atrás. Las ediciones de literatura nacional, que circulan con diario El Telégrafo, se pueden adquirir gratuitamente a cambio de consignar su nombre en una lista. La variedad es interesante y destaca la antología de novela breve que tiene una introducción de Jorge Velasco Mackenzie y un estudio de Jorge Enrique Adoum.
Los pasillos de los dos pabellones pasan buena parte del día congran presencia de público.
“En promedio vienen unas 20 personas”, dice Juan Álvarez, administrador de la librería Mr. Books. El problema -explica- es que la gente no compra mucho.
“Nuestra presencia tiene más un sentido publicitario”. Con él coincide Carolina Cadena, del ‘stand’ de Librería Studium: “La gente parece que quería una feria de corte más popular”.
Fuente y texto: El Comercio, Cultura, 28 /10 /08